¿Somos andróginos?
Tal como van las cosas y a este paso, me pregunto por qué las diferencias biológicas entre hombre y mujer, en materia de reproducción, obligan a asumir la conducta masculina o femenina o en su caso, la masculinidad o femineidad. En mi experiencia como investigadora sobre el significado del climaterio en la mujer andina, he compartido testimonios que sugieren que al inicio de la vida, el ser humano es un ser andrógino, el mismo que orienta posteriormente su existencia hacia lo femenino o masculino, como resultado del sexo biológico y de construcciones discursivas. Este ser andrógino que es inmaduro culturalmente, en el recorrido de su vida cruza una línea transversal en donde la sociedad le señala como debe comportarse, vestirse, relacionarse, para finalmente llegar al otro extremo y, siendo mayor, a la mujer que no menstrúa, por ejemplo, se la considera culturalmente como hombre y mujer al mismo tiempo, en este caso, de condición andrógina, a pesar de que su categoría biológica es de mujer, pero es seca y caliente como reza el principio masculino de las sociedades antiguas.
Ahora bien, el término andrógino tiene raíz griega y resulta de la combinación de las raíces “andro” (masculino) y “gyn” (femenino). En la obra “El Banquete de Platón” se relata la existencia de una clase particular de ser humano que contaba con cuatro brazos, cuatro piernas, dos rostros, una cabeza y reunía en sí mismo al sexo femenino y al masculino y al resultar vigoroso este cuerpo Zeus decidió seccionarlos en dos partes. Este “mito del andrógino” es bastante difundido, sin embargo religiones politeístas, alquimia, cábala, gnosis, entre otras, han definido y rendido culto a deidades bisexuadas. En nuestro contexto tenemos la deidad Wiracocha que se encuentra en la Puerta del Sol en Tiwanacu. Wiracocha tiene naturaleza andrógina por la cual cada lado corresponde a una mitad vertical asociada con el género masculino a la derecha y femenino a la izquierda.
Con todo, sin remitirnos al mito, si bien los primeros límites que separan los conceptos de hombre y mujer son las diferencias biológicas, para asentarse en lo cultural existe una línea muy frágil donde lo masculino y femenino se confunde y eso es precisamente lo andrógino. Cabe señalar que andrógino no es hermafrodita. El término hermafrodita se distingue por tener ambos sexos, es decir, de carácter bisexual, pero no referido a orientación, lo que ahora llaman intersexualidad, mientras que el término andrógino sería asexuado.
Entonces, ¿será probable que las mutaciones socioculturales nos estén llevando a un estado originario asexuado?, de ser así, ¿la biología del futuro humano reforzará lo andrógino? Sabemos que factores ambientales, emocionales, alimenticios pueden ocasionar alteraciones en la producción de hormonas, sin embargo con ello se estaría justificando los cambios por situaciones medioambientales y lo que se pretende es re pensar que la diversidad genérica es natural, antigua y mítica, que no deberíamos mirar esta situación como provocación a la sociedad heteronormativa.
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Para concluir, es indudable
que la cultura, los discursos, nuestras emociones nos están haciendo volcar la
hoja. ¿Lo que construimos cientos de años estará mutando? ¿Opinan que tenemos un origen andrógino?

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