Presencia simbólica

En todas las prácticas tradicionales, los rituales andinos expresan la forma de ser del runa o jaqe (persona) andino. Las celebraciones rituales que se dan a lo largo del año, responden a los momentos del recorrido del sol, a la relación intensa con la Pachamama. Se puede hablar de cuatro celebraciones importantes en este recorrido, donde todas y cada una de ellas se relacionan entre sí, las mismas que se sustentan en los principios filosóficos andinos como la complementariedad, la correspondencia y la reciprocidad. En este contexto se habla del ciclo vital de la madre tierra. 
La antropología simbólica establece que en torno a los símbolos dominantes se configuran los más importantes rituales sociales, esto incluye normas y valores que orientan la conducta de las personas. Todos estos símbolos se manifiestan ritualmente y al mismo tiempo se transmite y recrea la cultura. De manera que el rito consolida una cosmovisión y refuerza la identidad cultural. Si bien en el mundo andino hay muchos ritos relacionados con la ganadería, la pesca, el pastoreo, los viajes y las fiestas patronales, los ritos agrícolas son los más importantes en el imaginario colectivo por su relación con la producción y por las imágenes míticas que evocan. 
Para el hombre/mujer andinos la realidad está presente en forma simbólica, no tanto conceptualmente sino expresada en representaciones cúlticas y ceremoniales. El símbolo es la presentación de la realidad en forma muy densa. La tierra que el campesino andino trabaja no es una realidad objetiva, es un símbolo vivo y presente del círculo de la vida, de la fertilidad, del orden cósmico y ético, por eso su relación con ella es ritual y ceremonial, a través de las danzas y del acto simbólico.
En el ritual, la realidad se revela y se hace más intensa y se lo realiza cada vez que se busca algo. Se lo puede concebir de manera simbólica o realista y responde a una interpretación religiosa, económica, social y de organización. En esta actitud ritual, se establecen relaciones entre los participantes y también se toma contacto con lo sagrado, reforzando la mutua relación de las personas con lo espiritual. Es un mecanismo de equilibrio social, el mismo que contribuye a la preservación de las costumbres sociales y religiosas, dando cuerpo y presencia a lo que no se puede ver, reforzando las creencias y la pertenencia e identificación de los individuos con su comunidad.
Ahora, en estas fechas se inicia el tinku en el Ayllu Macha de Potosí. Según el investigador Hans Van den Berg, este encuentro tiene la finalidad de garantizar la buena cosecha y la prosperidad en la búsqueda de la reciprocidad con la madre tierra, gracias a derramar sangre. Asimismo, el 3 de mayo, en una celebración muy antigua en la zona andina, se agradece por la fecundidad de todo ser vivo del Universo/Pacha. En éste tiempo de reciprocidad y correspondencia, en el firmamento está la Cruz Andina del Sur venerada desde tiempos prehispánicos. Esta cruz que miramos, es pues, la Chakana, símbolo de equilibrio. 
En la actualidad, los rituales se han propagado hacia las zonas urbanas, sin embargo prevalece una visión del mundo que reconstituye el ritual ante nuevas circunstancias, como el pedir la fertilidad de la pareja, al Tatala en Santa vela Cruz. 

Texto y fotos: mem

Comentarios

  1. Para el hombre/mujer andinos la realidad está presente en forma simbólica, no tanto conceptualmente sino expresada en representaciones cúlticas y ceremoniales.

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